Orihuela Arqueología y Museo

 

Orihuela Arqueología y Museo

 

08/05/2014

Orihuela se despide del MARQ

Escrito a las 13:18

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Orihuela se despide del MARQ

Orihuela. Arqueología y Museo cierra sus puertas en el MARQ este fin de semana. Si no la has visto, tienes aún la oportunidad de disfrutar de las piezas arqueológicas que el MARQ ha conseguido reunir. Además, es una ocasión única para poder contemplar la primera evidencia del nombre de Orihuela, la moneda visigoda perteneciente a la Familia Orol Martín-Aragón, que la cedió sólo para esta muestra.
Disfruta también de los materiales que ponen de relieve la importancia histórica de la ciudad, que nace con la Aurariola de Teodomiro, el noble visigodo de la corte del rey Égica que pactó con los conquistadores islámicos el respeto a las tierras de un amplio territorio del sureste peninsular.
Viaja por la medina islámica de Uryûla, capital de la Kora de Tudmîr, y por la Oriola/Orihuela foral del reino de Valencia, capital de Procuración (1304) y de Gobernación (1363), Ciudad a partir de 1437, Sede catedralicia desde 1564 y Sede universitaria desde 1610.
Y si eres amante de la imagen y el sonido, no dejes de disfrutar la espectacular escenografía del diseño expositivo y los evocadores audiovisuales que han acompañado esta muestra del MARQ
 

Elisa Ruiz Segura

Imagen: Archivo MARQ

25/04/2014

El Imperio de Roma en tierras de Orihuela

Escrito a las 08:10

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El Imperio de Roma en tierras de Orihuela

Tras la II Guerra Púnica (219-202 a.C.), el sistema territorial, social y económico ibérico entra en una profunda decadencia. Aunque Hispania es una provincia romana desde 197 a.C., Roma debe consolidar los territorios conquistados en el sur y el levante, entablando largas guerras para someter a los pueblos rebeldes de la Meseta y el oeste peninsular: Celtíberos y Lusitanos. A lo largo del s. II. a.C. enfrentará la definitiva guerra contra Carthago, y se esforzará por afianzar y completar sus conquistas en los territorios circunmediterráneos. En el siglo I a.C., la República romana, esquilmados sus recursos materiales y humanos, afrontará una profunda crisis y continuas guerras sociales y civiles, que desembocarán en el fin de la República y el establecimiento del Imperio Romano. Las luchas por el poder en Roma tendrán en Hispania un destacado escenario bélico (las guerras sertorianas -Mario y Sertorio contra Sila- o los enfrentamientos entre Pompeyo y César). Estos conflictos marcarán el devenir de las tierras hispanas hasta que, en los últimos años del s. I a.C., Octavio Augusto declare establecida la paz en todo el Imperio, tras sus victorias en Hispania, contra Cántabros y Astures, y en la Galia. Una paz universal que celebró y conmemoró erigiendo el Ara Pacis (Altar de la Paz) en Roma, el año 13 a.C.

En los primeros momentos de la presencia romana, Carthago Nova (Cartagena), la antigua capital púnica, se convierte en uno de los más importantes puertos y centros administrativos de la provincia Hispania Citerior Tarraconensis, quizá sólo comparable a la capital provincial, Tarraco. La ciudad se convierte en el epicentro de un intenso comercio marítimo al ser puerto de entrada de valiosas mercancías provenientes de Italia, el Mediterráneo oriental o el norte de África (vinos itálicos, finas vajillas de mesa, mármoles y otros objetos suntuarios) y centro de exportación de aceite, cereal, plata, plomo, salazones, etc… Julio César, o quizás ya antes Pompeyo, funda la ciudad como colonia romana, con derechos de ciudadanía. Su pujanza, visible a través de la fuerte transformación y monumentalización urbana, la convertirá en una imagen de Roma ante los habitantes de territorios de la antigua Bastetania, Oretania y Contestania.

Durante los primeros tiempos, el territorio oriolano, una zona ampliamente inundada de marjales en la que destacaban pequeñas sierras y altozanos, parece no tener interés para Roma. El poblamiento se limitaría a pequeñas unidades de carácter campesino, destinadas a la explotación del medio agrícola, la marjal y el medio marino, continuando la ocupación de los núcleos ibéricos del Castillo de Cox y el Cerro de San Miguel.

Pero la situación cambia con la reforma administrativa de Augusto, que continúa y mejora la política de su padre adoptivo, Julio César. El año 27 a.C., Carthago Nova se convierte en capital de la Cartaginense, una división jurídico-administrativa (Conventus) de la Tarraconense. Los territorios de la actual provincia de Alicante, serán reestructurados también por Augusto, que confirma u otorga derechos de ciudadanía a dos ciudades que actuarán como cabeza de puente para la romanización del territorio: Lucentum, la ciudad portuaria amurallada, e Ilici, la colonia cesariana que acoge un contingente de veteranos de guerra romanos a los que se asignan tierras circundantes y encuentra su salida al mar a través del Portus Ilicitanus, en Santa Pola.

Los derechos de ciudadanía permitían el amparo de la ley romana y el acceso a las magistraturas. César y Augusto se valieron de la potestad de conceder estos derechos como recompensa y medio para obtener la afección de las élites indígenas o de comunidades enteras, logrando así la romanización de los nuevos pueblos conquistados. Este derecho se reconoció a todas las ciudades de Hispania el año 73-74 d.C. por un edicto de Vespasiano, pero hasta el edicto imperial de Caracalla, en 212 d. C., no se reconoció como ciudadanos a todos los habitantes libres del Imperio.

La comunicación terrestre entre Lucentum e Ilici, especialmente para el acceso a Carthago Nova, se consolida a través de un ramal de la Vía Augusta, que unía Roma con Cádiz. Entre Ilici y Carthago Nova sólo se conoce una estación intermedia, Thiar (Convento de San Ginés), una mansio o edificación con hostería para descanso y pernoctación, con almacenes y corrales, a disposición de los viajeros y sus caballerías. Aunque son pocos los datos arqueológicos de que se dispone, parece que la calzada favoreció el incremento de la población rural en el área central del curso bajo del río Segura.

En tierras próximas al embalse de La Pedrera y en Lo Montanaro, se producen asentamientos agrícolas (tugurium, casa), desde los primeros tiempos de la conquista hasta mediados del s. II d.C. Aquí residirían y trabajarían pequeños propietarios o campesinos, dependientes de las villae de los grandes propietarios. Las edificaciones de estas grandes residencias rústicas albergan una zona de habitación (pars urbana), que se dota con elementos arquitectónicos y suntuarios; y otra dedicada al almacenaje y transformación de los productos agrícolas (pars rustica). Los datos arqueológicos apuntan a que en Bigastro y Lo Cartagena (Torremendo), se instalan sendas villae en el s. I d.C., que estarían activas hasta el s. IV.

La grave crisis política, administrativa, económica y militar que Roma sufre, ya desde el s. III d.C., debilita la defensa de sus fronteras y la somete a frecuentes y devastadoras invasiones de pueblos del centro y el este de Europa: los Bárbaros. Es posible que a partir del siglo IV, la debilidad del Estado y las ciudades afectaran al mantenimiento de las infraestructuras viarias romanas en el territorio oriolano, donde parece que se produjo el deterioro del ramal directo de la Vía Augusta ente Ilici y Cartagena, potenciándose la variante interior, a través de Orihuela, quedando la zona oriental del Bajo Segura como un espacio aún más marginal. Este camino alternativo sería una de las razones para la mayor ocupación de la ciudad de Orihuela en época tardoantigua e islámica, como evidencian los restos de una necrópolis tardorromana datada entre los siglos V al VII d. C. en la Calle Miguel Hernández.

Elisa Ruiz Segura

Imagen: Archivo MARQ
Mapa del poblamiento romano en Orihuela, con algunos materiales romanos depositados en el Museo Arqueológico de Orihuela: vajilla de mesa romana, proyectiles de honda, ancla (Cabo Roig), y lucernas republicanas -ss.II-I a.C.- y mosaico -ss. III-IV d.C.- (ambos procedentes de Cehegín, Murcia)

Bibliografía:
GARCIA, ANNA- OLCINA, MANUEL H.- VERDÚ, ENRIC, 2014: “Orihuela. Épocas Ibérica y Romana”, en Orihuela. Arqueología y Museo. Museos municipales en el MARQ, pp. 126-141, Alicante. I.S.B.N.: 978-84-616-8389-5
RUIZ VALDERAS, E. (Dir. y coord.), 2013: CARTHAGO NOVA. Guía didáctica. Fundación Teatro Romano Cartagena. ISBN: 978-84-616-5701-8

 

17/04/2014

Cuando las piedras hablan: el monumento ibérico de Pino Hermoso.

Escrito a las 14:24

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Cuando las piedras hablan: el monumento ibérico de Pino Hermoso.

Desde finales del s. VI a. C., los príncipes iberos del Sudeste Peninsular, zonas limítrofes de la Meseta y Alta Andalucía, hacen ostentación de su prestigio y poder a través de carcaterísticos monumentos arquitectónicos en piedra (monumentos turriformes, pilares-estela, etc.), y los relatos simbólicos que los complementan, que se destacan en los paisajes funerarios de los Iberos.

Estos monumentos aparecen destruidos y sus elementos reutilizados y diseminados en las necrópolis de momentos posteriores. Sin embargo, los investigadores han extraido numerosos datos sobre las creencias y la historia de los Iberos gracias a su estudio.

Estas obras conmemorativas se insertan dentro de una corriente general en el Mediterráneo (Grecia, Asia Menor, Cartago, etc…), pero en la Península Ibérica son característicos del Sudeste y zonas de Jaén y Albacete, y presentan grandes influjos púnicos y griegos. Su construcción exigía el concurso de canteros, escultores, y quizás también arquitectos, con un coste sólo asumible por las élites ibéricas

En un principio, estos monumentos parecieron estar vinculados a las monarquías heroicas, como ocurrió en Grecia y Cartago, dedicados al culto a los antepasados, vinculados a animales simbólicos como el toro o el león. En estos momentos, los monumentos actuarían como símbolos de cohesión social y territorial, ocupando un lugar destacado en el territorio, y generando un entorno sacro que simboliza y protege el ancestro heroizado. A modo de altares, serían el centro de una procesión deambulatoria y de un ritual que incluiría libaciones y banquetes. En torno a ellos, manifestando su vínculo, se enterrarían parientes y sirvientes.

Cambios sociales, que conllevaron el paso de un régimen monárquico a otro aristocrático, a partir del s. V a. C., lo que conocemos como la fase plena de la Cultura Ibérica, se rastrean al analizar la destrucción de estos monumentos y su reutilización en tumbas posteriores al s. IV a.C. A partir de este momento aparecen damas y damitas en su ornamentación, evidenciando una idealización de los linajes familiares y, un poco más adelante, ya en el siglo III a. C., y coincidiendo con la eclosión de la caballería ibérica, la exaltación del jinete y el caballo.

Pero a fines del siglo III a.C., coincidiendo con la derrota cartaginesa en la II Guerra Púnica y la destrucción y abandono de gran parte de los más destacados poblados ibéricos, se vuelve a producir una destrucción generalizada de estas construcciones, que se reemplean en tumbas o se arrojan a fosas y ríos.

Una de las piezas más destacadas de la Cultura Ibérica expuesta en Orihuela. Arqueología y Museo, es el conocido como monumento de Pino Hermoso, un sillar fragmentado con decoración escultórica, perteneciente a una construcción ibérica, descubierta casualmente al realizar tareas agrícolas en la finca de San Leopoldo, muy próxima a Benejúzar, en una terraza a escasos metros del río Segura.

El sillar pertenecería a un gran monumento turriforme, como los hallados en Pozo Moro (Chinchilla, Albacete), el Parque Infantil de Tráfico de Elche o el de Horta Major en Alcoy. Los restos del bajorrelieve esculpido en una de sus caras representan, a la izquierda, un caballo alado, que posiblemente soportara un jinete, y a la derecha una figura humana vestida con una túnica corta plisada, ceñida por un estrecho cinturón, posiblemente una diosa alada. El panel se encuentra dividido por un elemento vertical, quizás el tronco de un árbol (palmera o “árbol de la vida”), del que parten el caballo y la figura.

Por la técnica utilizada para unir los sillares, grapas en forma de TAU, y las imágenes representadas (caballos y figuras alados, palmera-árbol de la vida), su principal investigador, el profesor Almagro Gorbea, la encuadra en el último tercio del s. III a.C., cuando seguramente la presencia militar de Cartago previa a la II Guerra Púnica contra Roma, es ya un hecho en la región.


Elisa Ruiz Segura

Imagen: Archivo MARQ. El sillar de Pino Hermoso, destacado, sobre una reconstrucción de la necrópolis del Corral de Saus (Mogente, Valencia). A la izquierda los monumentos de Pozo Moro, Monforte y Elche. A la derecha una posible diosa Tanit alada del “Vaso de Tanit” de La Alcudia (Elche), la Tanit, con manto alado y flor de loto en el centro, de Es Cuieram (Ibiza), y un jinete pintado sobre una vasija ibérica, lebes, del Museo Arqueológico de Linares (Jaén).

Bibliografía:
GARCIA, A.-OLCINA, M.H.- VERDÚ, E., 2014: “Orihuela. Épocas Ibérica y Romana”, en Orihuela. Arqueología y Museo. Museos municipales en el MARQ, pp. 126-141, Alicante. I.S.B.N.: 978-84-616-8389-5
IZQUIERDO PERAILE, I., 2000: Monumentos funerarios ibéricos: los pilares-estela. Trabajos Varios del S.I.P., nº98. ISBN: 84-7795-265-5. Valencia.
PRADOS MARTÍNEZ, F., 2011: "Iberia entre Atenas y Cartago. Una lectura de los pilares-estela". ¿Hombres o dioses?. Una nueva mirada a la escultura ibérica. Catálogo de la exposición, Madrid; pp. 179-207.  

10/04/2014

Orihuela: Los Iberos

Escrito a las 13:04

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Orihuela: Los Iberos

En el paraje de Los Saladares, al suroeste de Orihuela, en los primeros siglos del I milenio a.C. se estableció una comunidad que pronto recibiría y asimiliraría las aportaciones del cercano establecimiento colonial fenicio de La Fonteta (Guardamar del Segura). Sobre la suave ladera de un pequeño montículo, la población evoluciona hasta convertirse en un pequeño núcleo del poblamiento ibérico del actual territorio oriolano. Un entorno de pequeñas elevaciones sobre terrenos fértiles y fácil acceso al agua dulce y salina, con terrenos idóneos para la ganadería y la agricultura, y vetas minerales en la sierra.

Tras el colapso de la actividad comercial fenicia parece producirse una reestruccturación económica, territorial y social, que desemboca, en pocos años, en la aparición de la Cultura Ibérica. Se reorganiza también el tráfico comercial marítimo: Gadir (Cádiz), Mainake (Málaga), Qart Hadasht (Cartagena), Ebusus (Ibiza) y Cartago reactivarán sus intercambios de aceite, vino, salazones, etc... Comerciantes griegos -de Massalia (Marsella) y Emporion (Ampurias), la Hélade y la Magna Grecia- y de ciudades itálicas, accederán también al comercio con la Península. Vajillas finas, vinos, pequeños objetos de lujo de bronce y marfil, finos ungüentos y telas lujosas se intercambiarán por metales (plata, hierro, plomo...), cereales, esparto, sal y, quizás, salazones y miel, producidas en las tierras de Iberia.

La sociedad ibérica experimenta un profundo desarrollo desde finales del s. VI a.C. hasta los últimos añosdel s. III a.C. En este momento, el conflicto por la primacía en el Mediterráneo entre Roma y Cartago tendrá en la Península Ibérica su escenario bélico principal, la II Guerra Púnica, finalizando con la victoria de Roma el influjo púnico en los territorios del sur peninsular . La Cultura Ibérica, en estos momentos previos a la completa romanización de Hispania en tiempos de Augusto, entre los siglos II y I a.C., nos ha legado una maravillosa narrativa sin precedentes de sus mitos y símbolos, que con gran maestría pintaron en las vasijas cerámicas, un estilo que conocemos como Elche-Archena

El territorio oriolano se inserta en época ibérica en La Contestania, un territorio que se extiende entre el Júcar y el Segura, abarcando zonas de Murcia y Albacete. Sus núcleos de habitación se estructuran jerárquicamente. Un poblado fortificado u oppidum domina el territorio y de él dependen establecimientos menores de carácter agropecuario o para el controlestratégico. Sus ciudades se rodean de estructuras defensivas y cuentan con templos y espacios privados y públicos.

El mundo ibérico también estaba jerarquizado. Una minoría dirigente controlaba la vida económica y social. Aristócratas, sacerdotes, guerreros, artesanos y comerciantes, campesinos y, tal vez, esclavos, compondrían el espectro de la sociedad ibérica

En Orihuela, la estructuración del territorio ibérico se conoce de manera desigual, pero parece concentrarse entre las sierras de Orihuela y Callosa, donde destacan los emplazamientos de la Ladera de San Antón, Los Saladares y San Miguel, sobre otros pequeños caseríos distribuidos a lo largo del valle.

Ladera de San Antón parece ser el oppidum de un territorio social y geográficamente jerarquizado, alrededor del cual se desarrollan pequeños caseríos dedicados a la explotación agropecuaria y metalúrgica. El emplazamiento, en la elevación más destacada, se extendería por toda la ladera desde la zona más alta. Este núcleo articularía el territorio desde fines del s. VI a.C. hasta su su abandono, que se produce en un momento indeterminado dentro del siglo IV a. C., cuando parece sufrir una violenta destrucción.

Hacia el siglo IV a. C. se instalaría un cementerio en las cercanías del poblado, que quizás estuvo en uso hasta los momentos iniciales de la siguiente centuria. Allí, los iberos incinerarían a sus muertos en grandes piras y enterrarían sus cenizas con los objetos más significativos que los acompañarán en la otra vida.

A partir del siglo II a. C., los territorios ibéricos del Bajo Segura y Bajo Vinalopó experimentarán un descenso de poblamiento, coincidiendo con la cada vez más evidente preeminencia de l’Alcúdia.


Elisa Ruiz Segura

Imagen: Archivo MARQ

Bibliografía:
GARCIA, ANNA- OLCINA, MANUEL H.- VERDÚ, ENRIC, 2014: “Orihuela. Épocas Ibérica y Romana”, en Orihuela. Arqueología y Museo. Museos municipales en el MARQ, Alicante. I.S.B.N.: 978-84-616-8389-5, pp. 126-141, 

El MARQ en imágenes. "Íberos", Edita: Fundación CV MARQ ed., Alicante, 2004. I.S.B.N.: 84-96206-26-2.
 

03/04/2014

Orihuela entre Tartesios e Iberos: Los Fenicios

Escrito a las 14:32

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Orihuela entre Tartesios e Iberos: Los Fenicios

En los momentos finales de la Edad del Bronce es cuando se generaliza el uso de esta aleación combinada de cobre y estaño, apareciendo una nueva tecnología de fabricación y una diversificada producción de armas, herramientas y adornos. La demanda de cobre y estaño que se produce en el Mediterráneo Oriental se reflejará en lugares tan distantes como Hallstatt y la cuenca danubiana o la fachada atlántica Europea. Por la Europa del Bronce Final, especialmente a partir del s. X a.C., circulan metalurgos, cobre, estaño, “chatarra metálica” y oro para abastecer la gran demanda de poblaciones que, interconectadas por circuitos comerciales, se desarrollan y expanden su influencia, regidas por jefaturas que controlan los territorios y bienes y que requieren objetos de lujo para evidenciar su enriquecimiento.

Cuando entre los siglos XIII y XII a.C. se produzca el colapso de los grandes estados centralizados del Mediterráneo Oriental y, en consecuencia, del sistema comercial regional, las ciudades-estado fenicias se afanan y compiten por reconstruir la red comercial de gran alcance que, en compañía de micénicos y chipriotas, había transitado anteriormente la ciudad de Ugarit, un periplo hacia el Mediterráneo central y occidental que debió recalar en Chipre, el sur de Sicilia y Cerdeña antes de llegar a la Península Ibérica.

Pronto Tiro tomaría la delantera y culminaría con éxito la llegada al lejano Occidente, en torno al 1100 a. C. si atendemos a las fechas míticas de la fundación de colonias en Gadir (Cádiz), Lixus (costa oeste de Marruecos) y Útica (Túnez). Como celebración de su costosa hazaña construyen en Gadir un templo dedicado al protector de su ciudad, el dios supremo tirio Melkart.

El Templo gaditano de Melkart supone la vinculación de las nuevas fundaciones a la monarquía de Tiro, reivindicando en un acto sin precedentes, el dominio de estas tierras y de todas las tierras intermedias. En pocos años, a mediados del s. X a.C., accederá al poder el mítico rey Hiram I, que aprovecharía para afianzar su preponderancia el progresivo debilitamiento de la influencia de Egipto y su aliada potencia naval Biblos; la caida de los Hititas y sus mercaderes aliados ugaríticos; y un receso del expansionismo asirio.

Bajo estas condiciones, Hiram acrecentó el poder y la influencia de Tiro sobre los territorios circundantes, mediante una política de conquista o alianza con sus vecinos, que se manifiesta en la conocida amistad del rey tirio con los reyes de Israel, David y Salomón, a quienes facilitará recursos técnicos y humanos (arquitectos, orfebres, las célebres maderas del Líbano...) para la construcción del Templo de Jerusalén.

Sin embargo, hasta ahora, la presencia fenicia tiria más antigua en la Península no se documenta hasta finales siglo X y comienzos del IX a.C., en Huelva y Sevilla: el centro de Tartessos, punto de salida del estaño y el oro aluviales procedente de Extremadura, Beiras o Galicia. La desembocadura del Segura se convertirá pronto en otro punto destacado del comercio marítimo con el Mediterráneo Central. El Segura conecta la costa con la cabecera del Guadalquivir, donde se ubica el importante núcleo minero jiennese de Linares, y la cuenca del río. Pero también está vigente la ruta del Vinalopó, vinculada a la trashumancia y la sal, que se bifurca hacia la Meseta oriental y hacia la Meseta norte, y de aquí al Atlántico.

No es de extrañar, pues, que en momentos avanzados del Bronce Final, al menos a partir de los siglos X-IX a.C., se pueblen, generalmente “ex novo”, los territorios del Bajo Vinalopó (continúa habitándose el Tabayá y se instala Caramoro II en Elche) y del Bajo Segura (Saladares y Loma de Bigastro en Orihuela, Peña Negra en Crevillente), en las tierras colindantes a las bahías, salinas y zonas de marjal en que desembocan estos ríos.

Desde mediados del siglo IX a. C., y en todo caso antes del VIII a. C., crece en Peña Negra un poblado de cabañas, fuertemente relacionado con el ámbito de influencia de Tartessos y el interior peninsular. Peña Negra, desarrolla una fuerte actividad metalúrgica de filiación atlántica, y bien pronto proporciona elementos que delatan el inicio de contactos con el mundo fenicio (cerámicas a torno, brazaletes de marfil, fíbulas de codo y de doble resorte, o cuentas de collar de fayenza y pasta vítrea).

Será en torno al s. VIII a.C. cuando se produzca una instalación masiva de comerciantes fenicios en las costas mediterráneas del norte de África, Sicilia, Cerdeña, el Sureste y el Sur peninsular. La presión tributaria asiria y la necesidad de aprovisionarse de plata, hierro y otros bienes suntuarios impulsará a los fenicios a establecer ciudades portuarias en que residían ricos agentes comerciales. Estos garantizaban el suministro de bienes y aprovisionamiento a las naves mercantes que arribaban a sus costas desde otros círculos de comercio regional tras largos y costosos viajes. Para la efectividad de este comercio, las comunidades del Bronce Final debían estar lideradas por algunos miembros con suficiente rango, autoridad y riqueza como para permitir su establecimiento y establecer un control del acceso a los bienes, de las redes de distribución y pactar un sistema de intercambio, pesos y medidas con el que efectuar las abundantes transacciones con el mundo fenicio.

El enclave colonial fenicio de Guardamar, próximo a la antigua desembocadura del Segura, es el más septentrional aparecido en las costas españolas. Según los datos actuales, el establecimiento se realiza en tres pequeños promontorios muy próximos entre sí: la ciudadela fortificada del Cabezo Pequeño del Estaño, un santuario en el cerro del Castillo de Guardamar y una ciudad portuaria colonial en La Fonteta.

En poco más de doscientos años, las poblaciones autóctonas experimentan un fuerte proceso de “orientalización”, una intensa transformación cultural, social, económica y política de las poblaciones ganaderas y agricultoras del Bronce Final. Así se pone de manifiesto en la evolución urbanística y los restos de cultura material de poblados como Los Saladares (Orihuela) o Peña Negra (Crevillente) entre los siglos VIII y VII a.C. A la riqueza generada por los intercambios comerciales se sumó una serie de préstamos tecnológicos y culturales de gran envergadura. A través de los fenicios se generaliza la metalurgia del hierro; la copelación y licuación de la plata; el torno de alfarero; la escritura alfabética; la vid y el consumo de vino a la manera oriental en contextos domésticos y funerarios; el urbanismo, nuevas técnicas y nuevas elementos de construcción de obras civiles, religiosas y militares; sistemas de pesas y medidas, etc.

El emporio indígena de Peña Negra alcanzaría, durante el Bronce Final, tal riqueza, dinámica y vitalidad que explica la instalación del gran puerto comercial fenicio, que a su vez potencia su enriquecimiento y evolución. El alto grado de sinergia de los régulos y élites indígenas con los comerciantes fenicios asentados en la costa conllevó a la cohabitación y el mestizaje, aunque por ahora sólo se ha podido constatar la presencia de gentes fenicias en Peña Negra, como evidencia la instalación de una factoría de comerciantes y artesanos semitas en un barrio de la ciudad, o la práctica de enterramientos con ritual fenicio en la necrópolis indígena de Les Moreres.

Desde el último tercio del s. VII a.C. crece la presión asiria sobre la metrópoli, Tiro, que sería tomada por Nabucodonosor II en 573 a. C. Se produce una consiguiente caida de la demanda comercial y una crisis, que también debió estar generada por las propias dinámicas internas, en los territorios colonizados. Al tiempo, crecía la presión mercantil griega en el Mediterráneo central y en las costas levantinas, especialmente desde la fundación de las colonias foceas de Marsella y Ampurias a principios del s. VI a.C. Tras unas decadas de impasse, una reorganización territorial, socio-económica y cultural anunciaría el nacimiento de lo que conocemos Mundo Ibérico.


Elisa Ruiz Segura

Imagen: Materiales del Bronce final de Peña Negra y materiales Fenicios de La Fonteta. Archivo MARQ
Estela de Nora
http://www.beniculturali.it/mibac/export/MiBAC/sito-MiBAC/Menu-Utility/Immagine/index.html_646918448.html
Necrópolis de Tiro
http://ipce.mcu.es/investigacion/arqueologica/invest-arq-ext-libano.html
Relieve de la fachada noroeste del palacio de Sargón en Dur-Šarruken (Khorsabad moderna), que muestra los barcos fenicios con sus características proas con cabeza de caballo transportando troncos de cedro frente a las costas del Líbano y una ciudad amurallada. Louvre, AO 19889. A partir de P.-E.Botta y E. Flandin, Monument de Ninive , vol.1, París 1849, pl. 33.
http://www.ucl.ac.uk/sargon/essentials/countries/phoenicians/

Bibliografía:
GONZÁLEZ PRATS, A. (2010a): “La colonia Fenicia de la Fonteta”. Catálogo de la exposición Guardamar del Segura, arqueología y museo. Museos municipales en el MARQ, diciembre 2010-febrero 2011. Coord. por Lorenzo Abad Casal, págs. 66-79

GONZÁLEZ PRATS, A. (2010b): “La presencia Fenicia en el Bajo Segura”. Catálogo de la exposición Guardamar del Segura, arqueología y museo. Museos municipales en el MARQ, diciembre 2010-febrero 2011. Coord. por L. Abad, págs. 58-65

MARTÍN RUIZ, J. A. 2010: “Hiram I, Rey de Tiro”. Herakleion, 3, pp. 7-35.
http://www.herakleion.es/numero3.html

WAGNER, C. G., 2008: “Tiro, Melkart, Gadir y la conquista simbólica de los confines del mundo”. En GONZALEZ ANTÓN, R., LÓPEZ PARDO, F. Y PEÑA ROMO, V. (eds), Los Fenicios y el Atlántico. IV Coloquio del Centro de Estudios Fenicios y Púnicos. (2004. Santa Cruz de Tenerife). Universidad Complutense, Centro de Estudios Fenicios y Púnicos. ISBN: 978-84-612-8878-6, pp.11-30 
 

28/03/2014

Orihuela entre El Argar y Tartessos

Escrito a las 13:03

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Orihuela entre El Argar y Tartessos

 

El colapso argárico y con él, el final del Bronce Pleno o del Bronce Antiguo-Medio, se sitúa en torno al año 1600 antes de nuestra era. En torno a 1.250 a.C., se establece el inicio del Bronce Final. Esta etapa se denomina Bronce Tardío, y se caracteriza por un cuadro complejo de elementos de continuidad y cambio cultural en las sociedades de la Edad del Bronce...

A la deforestación argárica se uniría un acontecimiento climático con consecuencias globales que sucedería en torno al 1.628 a.C.: la erupción del volcán Thera (Islas Cícladas, centro del Mar Egeo), cuyos efectos se registran no sólo en Eurasia y la Europa atlántica sino, incluso, en California (Estados Unidos) o Groenlandia. Las abundantes cenizas y polvo generadas oscurecerían la atmósfera y provocarían un incremento generalizado del frío y la aridez, con profundas diferencias en altitud y latitud.

Si bien no se puede argumentar una relación única causa-efecto, no es difícil imaginar las consecuencias en la masa forestal, la agricultura, la ganadería, el artesanado y el comercio. En Mesopotamia se produce la crisis del estado imperial babilónico, en Eurasia se consolida el estado hurrita de Mitanni y Egipto asiste al fin del Imperio Medio y la unificación territorial del valle del Nilo con la XVIII dinastía, en Siria-Palestina y Anatolia se produce el paso del Bronce Medio al Bronce Reciente y colapsan la Civilización Minoica en Creta o la Hsia en China.

En tierras alicantinas, el ocaso del Argar provoca una concentración del hábitat y una reorganización de las rutas de comunicación. Se abandonan antiguos poblados y aparecen otros “ex novo”. En tiempos argáricos los territorios más poblados eran los cerros y altozanos situados en las cuencas bajas del Segura y el Vinalopó (San Antón de Orihuela, Laderas del Castillo de Callosa de Segura, el Tabayá y Caramoro I en Elche o La Illeta dels Banyets de Campello), vinculados a la metalurgia y el comercio marítimo a escalas locales y regionales, al menos.

Durante el Bronce Tardío, en los cursos bajos del Segura y Vinalopó, escasos vestigios cerámicos sugieren la continuidad de poblados, como San Antón de Orihuela o Laderas del Castillo de Callosa, y la implantación “ex novo” en pequeños enclaves próximos a la marina litoral, yacimientos como el Cabezo de las Particiones y Cabezo Soler (Rojales), la Loma de Bigastro La Aparecida (Orihuela), y quizás Grupitex (Crevillente). Pero también se mantendrán o se establecerán ahora algunos enclaves costeros como La Illeta dels Banyets, en Campello o Cap Prim, en Jávea, donde se desarrolla un destacado taller metalúrgico.

Aunque este territorio no se deshabita, y conscientes de que puede haber lagunas en el registro arqueológico, destaca el hecho de que la ruta interior por la cuenca del Vinalopó, desde El Tabayá (Elche) hacia el interior peninsular, adquiere mayor relevancia, fundándose en estos momentos el Cabezo Redondo de Villena, una ruta que parece consolidarse al tiempo que la ganadería trashumante hacia tierras de la Meseta norte y oriental. Los contactos con la Meseta Norte se manifiestan en la dispersión de hallazgos de materiales cerámicos característicos de las poblaciones de Cogotas I, en los que destaca la decoración de las vasijas mediante las técnicas de boquique y excisión.

Todo parece indicar que se produce una red territorial de asentamientos, preferentemente ubicados en zonas fluviales y de humedales, con centros eminentemente destacados como el Cabezo Redondo y, seguramente, El Tabayá, en posiciones estratégicas excepcionales, y algunos asentamientos costeros en función de rutas naturales de comunicación, la trashumancia y comercio.

Evidencias arqueológicas permiten plantear que el mundo micénico intercambia, a través de escalas comerciales correspondientes a redes de rutas locales y regionales interconectadas, con territorios tan distantes como la Europa nórdica, continental y atlántica, en búsqueda de cobre, oro, estaño, sal y ámbar, rutas que incluirán a partir del s. XVI el Mediterráneo central y occidental. Los poblados y puertos del Sudeste Mediterráneo debieron ser escalas necesarias en un trasiego de gentes y mercancías, hacia las áreas productoras de metal del Suroeste peninsular y el Atlántico. La ruta marítima se establecería en sistemas estables de navegación costera y viajes más esporádicos a larga distancia, entre el Mediterráneo oriental y central, entre éste y el Mediterráneo occidental y, enlas áreas costeras del Atlántico. No olvidemos que, incluso en momentos críticos de la segunda mitad del II milenio, durante los siglos XIV y XIII a. C., llegan a tierras peninsulares vasos cerámicos realizados a torno, de procedencia micénica y oriental, como los de Llanete de los Moros de Montoro (Córdoba) o Purullena (Granada).

Pero éste tráfico marítimo se nutre de una red más dinámica, regular y económica de escalas terrestres intermedias, entre territorios articulados por poblados como el Cabezo Redondo, y quizás el Tabayá, que los rigen y representan, como parecen indicar su tamaño y la riqueza de sus materiales: cerámicas decoradas, metalurgia, joyas y adornos de oro (como el célebre “Tesorillo”) y plata, marfil, cuentas de pasta vítrea…, y que estarían jalonados por poblados de menor tamaño, establecidos generalmente en función de la visibilidad entre ellos, formando redes territoriales a lo largo de una ruta que cruzaba la Península y comunicaba el mundo atlántico con el mediterráneo.

Pero la recuperación de los sistemas territoriales y de intercambio que se estaba produciendo en estos momentos tardíos de El Argar, sufriría otra reconversión en los momentos finales de la Edad del Bronce...

 

Elisa Ruiz Segura

Imagen: Archivo MARQ
Vista del Cabezo Redondo desde el norte
http://www.torrevieja.com/es/thumbnail.php?file=cabezo_redondo_772634260.jpg&size=article_medium
El yacimiento de Cabezo Redondo. Vasar y contenedores cerámicos
http://www.turismovillena.com/noticia.asp?idnoticia=60128
Reconstrucción del Cabezo Redondo. CEFIRE Elda.
http://www.lavirtu.com/albumes.asp?idcategoria=64615
Tesorillo del Cabezo Redondo
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/entrevista-con-jose-maria-soler-arqueologo-e-investigador-el-cartero-insigne--0/html/004a93b6-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html


Bibliografía:
CASTRO-MARTÍNEZ, P. V., 2010: La Península Ibérica entre 1600-900 cal ANE. Una situación entre dos mitos: de El Argar a Tartessos. Tesis Doctorales en red de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Consultado: marzo de 2014 http://hdl.handle.net/10803/5532

HERNÁNDEZ PÉREZ, M. S., 2009-2010: “La Edad del Bronce en las tierras meridionales valencianas. Panorama y perspectivas”, Anales de Prehistoria y Arqueología, 25-26, págs. 9-34, Universidad de Murcia.

LÓPEZ, J.A. - JOVER, F.J.- MARTÍNEZ, S., 2014: “San Antón y los orígenes de la Edad del Bronce en el Sur de Alicante”. Orihuela. Arqueología y Museo. Museos Municipales en el MARQ. Alicante, pp. 80-103.

RUIZ-GÁLVEZ PRIEGO, M., 2009: “¿Qué hace un micénico como tú en un sitio como éste? Andalucía entre el colapso de los palacios y la presencia semita”, TRABAJOS DE PREHISTORIA 66, N.º 2, julio-diciembre 2009, pp. 93-118
 

18/03/2014

El Argar: florecimiento y ocaso de una sociedad

Escrito a las 13:51

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El Argar: florecimiento y ocaso de una sociedad

La fase inicial y plena de la Edad del Bronce en Orihuela, correspondiente a lo que conocemos como El Argar, se desarrolló, con diferentes etapas de expansión, entre 2200 y 1550 cal ANE. La evolución de las sociedades de la Edad del Cobre, fundamentalmente sus rasgos comunitarios, marca una acusada tendencia a la individualización.

En oposición a los sepulcros colectivos de inhumación del III milenio, destacando en el territorio, ahora los espacios funerarios se integrarán en el interior y el entorno inmediato de los poblados, bajo las viviendas, en los bancos de las habitaciones y en covachas naturales y artificiales. Cistas construidas con lajas de piedra, estructuras de mampostería o vasijas cerámicas se utilizan para albergar las inhumaciones.

Los enterramientos en los poblados y las casa estarían vinculados a la veneración de los antepasados del núcleo familiar. Los enterramientos argáricos que conocemos corresponden únicamente a un sector de la población, aquel que se vincula con conceptos de sangre y linaje, como una muestra más de la ostentación de prestigio, alcurnia, riqueza y poder, o individuos relacionados con ellos por parentesco o dependencia. Estos grupos privilegiados enterrarían en los poblados a individuos singulares, en ocasiones acompañados por uno o varios miembros de la familia nuclear (pareja, hijos..), con ajuares personalizados.

Estos ajuares constituyen las ofrendas que acompañan al muerto a la otra vida, y a través de ellos podemos interpretar como se estructuraría la sociedad. Los enterramientos argáricos evidencian el rito del banquete funerario, que se detecta a través de los conjuntos de vajilla, en ocasiones fabricada para la ocasión, extremadamente fina y de aspecto casi metálico, relacionados con alimentos (vasos carenados y lenticulares, ollas, cuencos...) y bebidas (botellas, cuencos y, especialmente, copas). Se han recuperado restos cereales (trigo, cebada...) y carnes (vacas, caballos, ciervos, ovicápridos...), y sabemos que la carne de bóvido, los más ricos ajuares metálicos y la vajilla ceremonial estaban reservados a los sectores más elevados de la sociedad.

En cobre o, más tardíamente, en bronce se fabricaron espadas, alabardas, hachas, puñales/cuchillos, punzones y pequeños adornos, mientras que el oro y la plata se reservaron principalmente para la elaboración de brazaletes, pendientes anillos o diademas. Estos elementos están también presentes en los ajuares funerarios.

Urbanísticamente, se establecen en poblados emplazados sobre cerros, dominando el llano, que no por ello se desahabita. Estos poblados fortificados protegerían personas, alimentos y productos valiosos (como la sal, el cobre, el estaño, marfiles, armas, joyas...), mediante complejos sistemas defensivos compuestos por murallas dotadas de bastiones y torres. Las puertas de la ciudad se delimitan con torres que estrechan los pasillos de acceso al interior. Los poblados albergan, dispuestas densamente sobre las laderas aterrazadas, viviendas y dependencias de planta alargada (rectangulares, absidales o trapezoidales), silos y cisternas construidos con piedra y barro.

La expansión argárica por el tierras del Sudeste conlleva una diferenciación social cada vez más acusada, en que la riqueza se basa en el control de la tierra,  ciertas materias y sobre un amplio campesinado, a menudo asociada a luchas intergrupales, como evidencian heridas por filo cortante detectadas en algunos individuos. Las cimas de los cerros sirven de pequeñas acrópolis de las familias de los linajes dirigentes y en ellos se concentraron los elementos más valiosos, como armas y adornos de metal (cobre, bronce, plata y oro), estructuras monumentales, silos y carne o ganado de mayor tamaño (bóvidos y équidos).

Hacia 1550 cal ANE, el Argar colapsa por una suma de factores socioeconómicos y ecológicos. El incremento de la aridez y la sobreexplotación del medio, con la quema de grandes masas de vegetación arbórea para pastos, agricultura intensiva y combustible, especialmente para labores metalúrgicas, provocó el agotamiento de los recursos naturales, y una consiguiente pérdida demográfica, asociándose al desarrollo de patologías y a una alta mortalidad infantil.


Elisa Ruiz Segura

Bibliografía:
CONTRERAS CORTÉS, F. 2001-2002: “El mundo de la muerte en la Edad del Bronce. Una aproximación desde la cultura argárica. ...Y acumularon tesoros. Mil años de historia en nuestras tierras. Caja de Ahorros del Mediterráneo. Alicante.

LULL, V., MICÓ, R., RIHUETE, C. y RISCH, R.:  El Argar

Imagen: Archivo MARQ
Poblado y Enterramiento de Castellón Alto (Galera, Granada)
Mapa del territorio argárico: El Argar

13/03/2014

¿De la Edad del Cobre a la Edad del Bronce?

Escrito a las 13:36

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¿De la Edad del Cobre a la Edad del Bronce?

En el Sudeste peninsular floreció, en la etapa que históricamente conocemos como Edad del Bronce, una auténtica civilización: EL ARGAR, en un proceso que arranca con el desarrollo en el III milenio a.C. de la cultura de Los Millares - Valencina de la Concepción - Vila Nova de Sao Pedro.

En el marco de contactos con Troya (Turquía), Micenas (Grecia) o Wessex (Inglaterra) se desarrolla una sociedad de príncipes, guerreros, campesinos, esclavos y metalurgos. Un territorio con ciudades fortificadas, granjas y fortines fronterizos, cuyos confines orientales abarcan el territorio de los cursos bajos de los ríos Segura y Vinalopó, donde establecieron los poblados descubiertos en San Antón de Orihuela y Las Laderas del Castillo de Callosa.

Pero ¿qué sucedió para que esto fuera así?

Los primeros objetos de cobre aparecidos en Eurasia (Danubio, Oriente Próximo, Oriente Medio...) sirvieron para joyería y, excepcionalmente, armas. En los momentos iniciales, los objetos se producían mediante el martillado de pepitas de mineral en estado razonablemente puro, produciendo objetos cuya dureza no podía competir con la piedra, pero que bien pulimentados lograban una brillante apariencia aúrea. El mineral de cobre aparece en la naturaleza con abundantes impurezas que los metalurgos, en un principio, no conocen ni depuran. Poco a poco, este metal fue convirtiéndose en una apreciada materia prima para la fabricación de armas, herramientas, contenedores y joyería.

Pronto, gracias al desarrollo de los conocimientos pirotécnicos, se logra la fusión del mineral y la generalización de su uso. El refundido de las piezas deterioradas permitía regenerar el objeto y así prolongar su rendimiento. La práctica metalúrgica, generó un conocimiento depurado de las características que las distintas impurezas del mineral de cobre conferían al metal fundido, descubriendo que era el estaño quien mejores condiciones de dureza, resistencia y maleabilidad aportaba al cobre: nacía el bronce.

El desarrollo de los primeros imperios en Mesopotamia, Egipto y Oriente Próximo en el III milenio a.C. va ligado a una prospección de recursos y expansión comercial a territorios periféricos. Desde entonces y a lo largo del II milenio a.C., la vida urbana se extendería desde las grandes civilizaciones orientales al Mediterráneo, incluyendo zonas de las actuales Turquía (reinos de Hatti-Hititas y Mitani); Grecia (civilizaciones minoica y micénica); o, en la Península Ibérica, la eclosión del horizonte calcolítico de Los Millares-Valencina de la Concepción-Vilanova de Sao Pedro y el posterior desarrollo en esos mismos territorios de las Culturas de El Argar y el Bronce del Sudoeste.

El incremento demográfico, la expansión y conquista territorial y el desarrollo de cortes palaciales, templos y cuerpos de ejército generó un incremento de la demanda de alimentos, materias primas, como el cobre y el estaño, objetos de lujo exóticos, metales y gemas preciosos, etc... La gran riqueza material de las comunidades urbanas, con sus producciones especializadas y el voluminoso transporte de mercancías, les permitió ácceder a valiosos recursos de territorios circundantes, haciendo uso de redes de intercambio locales, e incluso emprender, mediante una red indirecta de escalas intermedias, contactos comerciales con territorios tan lejanos como el Báltico (que proveería materiales tan preciados como el ámbar) y la Europa central y Occidental (donde obtendrían un importante aprovisionamiento de cobre y estaño, un mineral no demasiado abundante en la naturaleza).

Es en estos momentos, entre el III y el II milenio a.C., cuando se desarrolla la primera metalurgia en la Europa Occidental, como evidencia la expansión continental y atlántica de los elementos campaniformes entre las ricas comunidades del fines del Neolítico. A lo largo del II milenio a.C. las redes comerciales, desde los núcleos de la civilización a los territorios periféricos europeos y euroasiáticos, propiciaron importantes cambios, incluyendo la transferencia de tecnología (técnicas de trabajo de los metales y las innovaciones militares, tales como las puntas de lanza metálicas y los carros de combate de dos ruedas, así como ropajes y estilos decorativos).

Los europeos "bárbaros", no eran simplemente destinatarios pasivos de estas nuevas características, sino que introdujeron pioneras mejoras técnicas, tales como los carros tirados por caballos en las estepas al norte de el Mar Negro y las puntas de lanza de bronce mediante la técnica de moldes de cera perdida. Pero también crearon nuevas formas sociales eligiendo a poderosos caciques locales para controlar estos intercambios, quienes se dotaron de bienes de prestigio, especialmente el armamento y la joyería, que exhibían, tanto en la vida cotidiana como en contextos funerarios, para destacar y reforzar el prestigio social y el rango detentado por su propietario.

Por estos motivos, en la Península Ibérica, el uso del cobre no supuso, en principio, una sustancial mejora en la utilidad de los elemenos fabricados en otras materias. Hachas y azuelas de piedra pulimentada, punzones y espátulas de hueso, puntas de flecha, hoces y cuchillos de sílex, así como una variedad de útiles fabricados en madera del que apenas nos ha llegado registro, continuaban formando parte de los objetos fabricados por estas comunidades. La generalización del uso de este preciado metal, con una apariencia semejante al oro, será paralela a la progresiva estabilización e intensificación de rutas de tráfico comercial naval y terrestre y el consiguiente desarrollo de las culturas de la llamada Edad del Bronce en Europa, a lo largo del II milenio a.C., y especialmente en sus etapas finales.


Elisa Ruiz Segura

Bibliografía:
Wilkinson, T. 2009: "Caminos y carreteras: Rutas de la edad de bronce"' Eurasia, ArchAtlas. Versión 4.1, http://www.archatlas.org/workshop09/works09-wilkinson.php , Consultado: 12 03 2014

 

Imagen: Archivo MARQ
Espada argárica. Autor HELIOS.
http://echino.files.wordpress.com/2009/09/11-argar-e1-a.jpg
Enterramiento argárico de La Bastida de Totana
http://ignaciobenedicto.files.wordpress.com/2013/01/p1070668.jpg
Cráneo con diadema de plata
http://www.elargar.com/politica/
Copa argárica. Exposición itinerante del grupo MÉMORA: LA OTRA CARA DE LA VIDA. CULTURA FUNERARIA, AYER Y HOY
http://www.memoracultura.com/portfolio/copa-de-ceramica-del-bronce-argarico/
 

11/03/2014

Campaniforme: Jefaturas, cerveza y banquetes. Emulando a los primeros reinos egipcios y sumerios

Escrito a las 15:18

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Campaniforme: Jefaturas, cerveza y banquetes. Emulando a los primeros reinos egipcios y sumerios

Durante el III milenio a. C. nacen las grandes civilizaciones en el mundo: Mesopotamia, Egipto, el Indo, China, Troya... Las tumbas reales sumerias o las pirámides de Egipto son ejemplos que forman ya parte de nuestro imaginario colectivo. Las grandes civilizaciones crecen en los valles de los ríos y se organizan formando estados gobernados por reyes de estirpe sacra que gobiernan a sus súbditos, la administración, la religión y el comercio. Su estatus se marca y potencia tanto en la vida como en la muerte, pues el tránsito a la eternidad se realiza con los objetos de la vida cotidiana, concubinas y sirvientes. Numerosos artesanos trabajan para su ornato y los comerciantes adquieren exóticos productos que sólo la estirpe real y privilegiados cortesanos pueden adquirir.

En poco menos de un milenio, la Humanidad ve como se van consolidando, en estas civilizaciones estatales, la monta del caballo, el uso de la rueda y el carro, el arado, sofisticados instrumentos musicales, la escritura, el torno de alfarero, los finos tejidos de lino, el ámbar, la metalurgia del bronce, joyas y adornos en metales y piedras preciosos, grandes logros arquitectónicos y elementos de construcción...

La Europa de finales del Neolítico está en los confines más alejados de estas civilizaciones estatales, pero parece observarse un proceso gradual de jerarquización social, en el que ancianos o adultos prestigiosos detentan el control de la tierra, la fuerza de trabajo y los bienes de intercambio, desde la fachada atlántica a los Cárpatos y desde las Islas Británicas y sur del Báltico hasta el Mediterráneo y Norte de África, en un modelo que se hará más evidente con la aparición en las tumbas de un conjunto de elementos: el ajuar campaniforme. Vasos, cazuelas carenadas y cuencos decorados con patrones simbólicos geométricos, puñales y puntas de flecha de cobre, botones de hueso y marfil y joyas de oro, sirven en estas sociedades pre-estatales para distinguir a las nuevas jefaturas, que quizás ya empezaran a ser hereditarias.

Paralelamente, la Península Ibérica asiste a la generalización del modo de vida campesino y recibe aportaciones orientales y continentales. Contactos con gentes de origen oriental parecen reconocerse en lugares tan lejanos como el área dolménica portuguesa y sevillana o el Sudeste, posiblemente empresas exploratorias en busca de recursos minero-metálicos. Marfil y puntas de cobre de Montelirio y Valencina, monumentos funerarios como los tholoi de Millares o ritos de enterramiento como el del Dolmen de Montelirio (donde un personaje masculino se hace acompañar de 19 mujeres), las murallas con torres y bastiones de los principales poblados, y la aparición en los momentos finales de elementos campaniformes, serán indicadores de este proceso.

La expansión de los elementos campaniformes a gran escala territorial evidenciaría la aparición de líderes que consolidarían y reforzarían su poder con la posesión y distribución de estas valiosas mercancías. Se estaban formando redes sociales de intercambio a nivel local y a escalas más amplias.

Del trasiego de personas sabemos por mujeres enterradas en la Europa Central que provienen de otras áreas, para alianza e intercambio matrimonial, que serían las encargadas de fabricar telas y cerámicas que se adornan con complejos y sofisticados motivos decorativos simbólicos que caracterizan los estilos campaniformes. Pero también habría viajeros que, reconocidos por llegar de lejanos lugares, contraerían matrimonio con las princesas locales y se convertirían en caudillos, aportando nuevos conocimientos y técnicas, como pudo ocurrir con el llamado “Príncipe de Stonhenge”, un arquero de los Alpes enterrado, posiblemente con quien sería su hijo, en tierras inglesas, cerca del célebre monumento.

Pero además, sabemos que estas élites sostenían su posición y buscaban partidarios mediante el banquete. El desarrollo de ritos de hospitalidad y fiestas donde se invitaría a comer y beber a iguales con los que se pretendían alianzas. Los vasos campaniformes servían para el consumo de bebidas alcohólicas (fundamentalmente cerveza) y las cazuelas y cuencos para algún tipo de alimento sólido que se consumiría entre las jefaturas, al modo de los banquetes que vemos representados en los relieves egipcios y sumerios de la época.

En tierras alicantinas, las tierras alrededor de las desembocaduras del Vinalopó y el Segura, posiblemente en torno a un importante poblado de finales del III milenio, Les Moreres (Crevillente), dentro de la órbita de Los Millares, con importaciones de cerámicas rojas del Mediterráneo centro-oriental y elementos del conjunto material campaniforme, entran en este proceso de jerarquización territorial y social, como evidencia el importante lote de cerámicas campaniformes de Las Espeñetas, en Orihuela, expuesto en el MARQ.


Elisa Ruiz Segura

Bibliografía:
GARRIDO-PENA, R., 2007: "El fenómeno campaniforme: un siglo de debates sobre un enigma sin resolver"C. Cacho, R. Maicas, M.I. Martínez y J.A. Martos (coords.) Acercándonos al pasado: Prehistoria en 4 actos. Madrid. Museo Arqueológico Nacional. Ministerio de Cultura.
 

Imagen: Archivo MARQ

http://ubprehistoire.free.fr/Articles%20images/Carte-Europe-campaniforme.jpg
http://www.wessexarch.co.uk/projects/amesbury/archer.html
http://3.bp.blogspot.com/-UB8WIrzM60E/TeP7k85ObTI/AAAAAAAAAOs/nAOgQyzzfHo/s200/Idealizaci_n_peineta_ritual_de_Montelirio.jpg
http://magiarunes.info/s019.radikal.ru/i630/1203/01/6057a9cca4bd.jpg
http://magiarunes.info/s019.radikal.ru/i630/1203/01/6057a9cca4bd.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3c/Stonehenge2007_07_30.jpg
http://www.britishmuseum.org/images/bsl_standard_ur_channel_624x351.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a2/GD-EG-Caire-Mus%C3%A9e017.JPG
http://eprints.soton.ac.uk/353784/1/Garc%C3%ADa%20Sanju%C3%A1n%20et%20al.pdf
http://www.valencinadelaconcepcion.es/opencms/export/sites/default/valencina/galeriaFicheros/urbanismo/grandes_piedras_sevilla.pdf
Recreación de un banquete campaniforme (Luis Pascual, Aratikos, S.L.) en GARRIDO-PENA, R. El fenómeno campaniforme: un siglo de debates sobre un enigma sin resolver...

 

06/03/2014

Orihuela y las primeras civilizaciones de la Península Ibérica

Escrito a las 13:03

Comentarios: 0

Orihuela y las primeras civilizaciones de la Península Ibérica

 

Durante el Neolítico, en el entorno de Orihuela, el Segura y una extensa red de pequeños afluentes, ramblas y barrancos, procedentes de los cabezos y montañas próximos, van arrastrando sus sedimentos a la vez que los depositan en el valle fluvial, desembocando el río en zonas próximas a la ciudad de Callosa de Segura y Almoradí. Durante milenios, el territorio constituiría una auténtica despensa natural donde los campesinos neolíticos cazarían y recolectarían especies terresctres y acuáticas, desbrozarían pequeñas áreas cerca del río para sembrar cereales, mientras sus rebaños ramonearían en los matorrales de arbustivas y herbáceas de llanuras y piedemontes, conformados en torno a aguas dulces y salobres, que en centurias posteriores constituirían las zonas históricas de pastos.

La abundancia de recursos naturales y la prosperidad del sistema campesino permite un incremento demográfico. La producción de excedentes obliga a la gestión de su redistribución, apareciendo ahora determinados personajes o familias reconocidos por la tribu, que serán, además, los encargados de gestionar las relaciones con otros territorios. Nacen así los primeros linajes que representan a la comunidad y a su territorio. Y grandes monumentos megalíticos, tumbas de las élites (como los dólmenes) o lugares sacros (Stonhenge) funcionan como centros de agregación social y marcadores territoriales. Pero mientras en la Península está generalizándose el modo de vida campesino, en Oriente se inicia el proceso de gestación de las grandes civilizaciones estatales en Mesopotamia, Egipto, el Levante, Grecia... La generalización del uso de un nuevo material, el cobre, a fines del IV milenio a.C., tanto para objetos ornamentales como para armas y herramientas, marca el inicio de la etapa que conocemos como Calcolítico.

Se inicia entonces la expansión del empleo de cobre por Europa. En las tierras meridionales de la Península Ibérica, desde el Suureste a Portugal, la primera cultura calcolítica se conoce bajo la denominación de Cultura de Los Millares-Vila Nova de Sao Pedro, que desarrolla una explotación minera desde poblados nucleares de cabañas protegidos con potentes sistemas defensivos, con marcado carácter oriental.

No conocemos con precisión la evolución de estas comunidades campesinas, pero debemos suponer que respondería, con matices, al patrón detectado en áreas vecinas.

En los fondos de los valles de las comarcas centro-meridionales de la Comunidad Valenciana, los poblados neolíticos se extienden. Contemporáneos o superpuestos en el tiempo, se multiplican cabañas excavadas en el suelo, silos de almacenaje, fosos y canalizaciones. Aquí no hay construcciones megalíticas, las cuevas albergan los restos inhumados de varios individuos que pertenecen a los linajes destacados de la comunidad y se entierran con ajuares, traidos a veces de lejanas tierras, en que figuran vasos, hachas de piedra, flechas con puntas de sílex, cuchillos de sílex, adornos de piedra, hueso e incluso oro, o figurillas de carácter sacro. Los esqueletos se desplazan contra las paredes para introducir nuevos enterramientos y la cerámica campaniforme en los ajuares marca el fin de este ritual de enterramiento. Estas cuevas, junto a destacados abrigos rocosos con símbolos esquemáticos pintados sobre sus paredes, semejantes a las pequeñas figuras que arropan a los muertos, serán las que señalicen los territorios tribales.


Un conjunto de inhumaciones en cueva, que podrían corresponder a los principales linajes territoriales, son evidencia de este momento histórico que se recoge en la exposición Orihuela. Arqueología y Museo. Los enterramientos de la Cueva de Roca poseen en sus ajuares cuentas de collar ovoides y discoidales realizadas en piedra verde producto de intercambio comercial con otras áreas, seguramente del Noreste peninsular o el Mediodía francés. Aguas abajo del Segura, próximo a la que entonces sería su desembocadura, en Algorfa, varios enterramientos se realizarían en una cavidad, que milenios más tarde excavaría el P. Furgús, junto a los que se depositaron conjuntos cerámicos, hachas de piedra, puntas de flecha, cuchillos de sílex y, por primera vez en la zona, dos punzones biapuntados de cobre, que nos hablarían de contactos con gentes del sureste peninsular y Los Millares.

Se estaba abriendo paso una nueva era de profundas transformaciones...


Elisa Ruiz Segura

Imagen:
Composición que encuadra los vasos y puntas de flecha de Algorfa en el contexto cultural e histórico del tránsito del Neolítico al Calcolítico.


Fuentes:
Vasos y puntas de flecha de la necrópolis de Algorfa. Archivo MARQ
 

Ídolo oculado de arte rupestre (Collado del Águila, Ciudad Real). José-Manuel Benito Álvarez (Wikipedia)
 

Ídolo de Extremadura (M.A.N. Inv.20572). MAN-Museo Arqueológico Nacional (Wikipedia)
 

Monográfico sobre ídolos calcolíticos peninsulares. http://paleorama.wordpress.com

Ídolo placa e ídolo antropomorfo (Valencina de la Concepción, Sevilla) http://www.juntadeandalucia.es/culturaydeporte/museos/

Vaso polípodo con motivo oculado de Los Millares (Almería) www.sociedaddelosmillares.com

Enterramiento múltiple de Camino del Molino (Caravaca, Murcia)http://iberiamagica.blogspot.com.es/2013_10_01_archive.html

Maqueta que reconstruye el poblado de Los Millares (Almería) http://www.doslourdes.net/monogr%C3%A1ficos-millares.jpg

Punzón epi-campaniforme del yacimiento La Orden-Seminario (Huelva, España) http://museo3d.faico.org/Uploads/F031.jpg

Puntas de jabalina del Dólmen de la Pastora (Valencina de la Concepción, Sevilla) asociacionlosdolmenes.blogspot.com

Bibliografía:
GARCÍA ATIÉNZAR, G. 2007: La neolitización del territorio. El poblamiento neolítico en el área central del Mediterráneo español. Tesis Doctorales. Universidad de Alicante.

http://rua.ua.es/dspace/handle/10045/7752

LOMBA MAURANDI, J. et al. 2009: El enterramiento múltiple, calcolítico, de Camino del Molino(Caravaca, Murcia). Metodología y primeros resultados de un yacimiento excepcional. TRABAJOS DE PREHISTORIA 66, N.º 2, julio-diciembre 2009, pp. 143-159

SOLER DIAZ , J. A. 2002: Cuevas de inhumacion multiple en la Comunidad Valenciana. Real Academia de la Historia; Museo Arqueológico Provincial de Alicante. (Publicaciones del Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia. Bibliotheca Archaeologica Hispana; 17) (Marq Serie Mayor; 2)

SOLER DÍAZ, J. A. 2014: Orihuela en el nacimiento de la Prehistoria como ciencia en tierras valencianas. Apuntes sobre la cueva de Roca. En Orihuela. Arqueología y Museo. Museos municipales en el MARQ. Fundación C.V. MARQ. Alicante: 60-79.
 

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